“Estoy convencido de que lo que inició esta salida de mi zona de confort se convertirá en una bendición de crecimiento”

Nelson Rodriguez, @Shaiel2005  venezolano en Lima:

Toqué fondo cuando vi mi nevera y despensa vacías y dos criaturas preguntando “Papá ¿Qué vamos a comer?” Gracias a Dios jamás nos acostamos sin comer.

En mi país logré tener casa y carro aunque el carro tuve que venderlo junto con joyas, enseres y nuestras arras matrimoniales para sobrevivir.

Mi única opción era lo que tantas veces me había negado: Emigrar, quizá por miedo, por apego a mi país o por ser excesivamente optimista.

No tenía dinero para salir pero Dios se manifestó a través de un abanico de personas radicadas en el exterior y gracias a esa generosidad logré reunir lo suficiente para emigrar y dejarle a mi familia.

Enfrenté mi realidad, era saberme expulsado del país que me vio nacer en donde había pasado 47 años de mi existencia,decirle adiós a mi familia esa despedida con la que sientes que algo en ti se rompe, es ese respirar hondo que te duele en los pulmones, es arrancarte a tu familia de los brazos porque un itinerario de vuelo no espera por un abrazo, un beso más o un “te extrañaré” más.

Es indeleble esa imagen, la de ver a través de la ventana del taxi que te lleva al aeropuerto, a los tres seres que más amas fundidos en un abrazo llenos de llanto y dudas, en un vacío de un eco ensordecedor y tener que llenarte de valor y entereza.

Superado ese escollo enfrenté la segunda despedida más sentida, la de mi mamá , fue inevitable preguntarme si la volvería a ver viva.

Llegué a Lima por tierra luego de sortear la frontera Venezuela- Colombia donde fui invisible para los Guardias Nacionales.

Cruzar la frontera es una sensación agridulce, de libertad e incertidumbre que invade tu cuerpo y mente.

Ya en Cúcuta el mundo funciona de otra manera equipajes sin resguardo esperan en el anden de los buses dólares en mano nadie puja por esconderlos o disimularlos de hecho me toca cancelar mi pasaje y solo una amable chica apunta mi nombre con el de otros 30 más y al no darme un recibo le reclamo el “desliz” argumentando que no le di tres lochas que debía darme algún comprobante para sentir no me estában estafando a lo que la chica sin desdibujar su sonrisa me dice: relajese señor ya acá esto no es Venezuela solo espere y lo llamaran para abordar el bus.

Llegué finalmente a Lima despertado poco antes por la imponente vista del Océano Pacífico su bruma fría y húmeda. Ya en la terminal viví el capitulo final de mi viacrucis de viajar sin celular pidiendo a ratos alguno prestado que agregara mi número para teclear casi siempre las mismas frases : Hola familia estoy en …..todo bien a Dios gracias muchos besos y abrazos buscaré llamarlos luego. Ya en Lima un taxista algo impaciente me presta su celular para llamar a mi pastor Manuel Castillo quien me esperaba, le costó reconocerme, tenía 30 kg menos, no era la sombra de la imagen que tenía de mí.

Manuel no solo me recibió a mí, sino que, junto a su esposa y la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Lima le han abierto las puertas de sus instalaciones a unos 30 venezolanos que han encontrado un refugio donde permanecer hasta encontrar estabilidad económica.

Me he encariñado con esta tierra, porque cuando aceptas algo con sus virtudes y defectos es que empiezas a querer.

Mis hijos ya están conmigo, ellos heredaron almas de guerreros, a sus cortas edades han enfrentado esta situación con madurez y entereza, desde venirse solos en avión con largas escalas, la separación que tuvimos durante cinco meses y ahora estar separados de su mamá, pero Dios mediante pronto vendrá mi esposa. Ellos siempre han sido un apoyo fundamental de mamá y papá, en todo, en cuanta pirueta tocaba hacer para evitar el naufragio de la economía familiar, son un orgullo para mi como padre.

Emigrar ha sido un proceso de liberación, de descubrir lo que soy capaz de hacer, de adaptarme a los cambios del choque cultural, vencer el miedo a lo desconocido.

Estoy convencido de que lo que inició esta salida de mi zona de confort se convertirá en una bendición de crecimiento, en especial para mis dos hijos quienes han ampliado sus fronteras.

Creo que hoy Venezuela está en todas partes gracias a este gran exilio y son muchos los lugares que ya comentan de un paraíso “al Norte del Sur” no por googlear el nombre, sino por boca de sus protagonistas que en esta diáspora impuesta nos ha convertido en orgullosos embajadores de la tierra de Bolívar.

Dios bendiga Venezuela y al Perú

 #Venezuela #VenezolanosEnLima #Perú   

Instagram @relatosdeinmigrantes

Daniela Alejandra Oviedo

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